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"Mensajeros de la Paz" es una ONG que dirige el sacerdote responsable de una Fundación del PP

2016.12.13 01:18 alforo_ "Mensajeros de la Paz" es una ONG que dirige el sacerdote responsable de una Fundación del PP

El Otro País
Como la estrategia de la araña, el Gobierno Partido Popular (PP) que preside José María Aznar, utiliza cualquier resquicio que puede para introducirse en sectores suceptibles de captar votos cara a las convocatorias electorales, aprovechándose de grupos franquistas desechados, Organizaciones No Gubernamentales (ONG), asociaciones o plataformas ultraderechistas, recicladas en demócratas de toda la vida; también, al mismo tiempo, el PP usa estas organizaciones sin ánimo de lucro de negocios y pagar en 'especias' todos los imprescindibles apoyos electorales y políticos.
Es el caso de Mensajeros de la Paz, una ONG cuya presidenta de honor es Ana Botella, mujer de Aznar, presidente de Gobierno. En la revista Claro Oscuro, una de las que tiene Mensajeros de la Paz, publicación superlujosa donde las haya, el cura ultraderechista Ángel García Rodríguez, presidente ejecutivo de esta ONG, dice que Mensajeros de la Paz está trabajando en 22 países, contamos con 296 hogares funcionales donde tenemos acogidos a más de 2.300 niños y jóvenes, después de haber atendido a 21.000. Asimismo se han atendido más de 4 millones (sic) de llamadas de personas mayores a través del Teléfono Dorado, además de los 3.000 ancianos que atendemos en nuestras residencias. En la publicación, dedicada a la Edad Dorada, Claro Oscuro informa sobre la Universidad Nacional de Educación a Distancia (UNED) que dirigen en La Bañeza, León, por decisión del Gobierno a propuesta de Ana Botella.
Mensajeros de la Paz abarca un complejo entramado de asociaciones y fundaciones, cuyos dirigentes son altos ejecutivos, propietarios de empresas y destacados dirigentes del PP, sobre todo. Los estatutos declaran su aconfesionalidad y ausencia de ánimo de lucro; sin embargo, Mensajeros de la Paz supera cada año la cifra de trescientos mil millones de pesetas contables en activos, patrimonio y movimientos bancarios. Ángel García Rodríguez, sacerdote diocesano, es quien lleva el timón del barco multimillonario, cuyos negocios penetran en la Cooperación Internacional, en programas públicos para la infancia, jóvenes, mujeres y pensionistas, Teléfono Dorado, atención residencial, programas educativos (privados y concertados), programas preventivos, socio-sanitarios y una gran nómina de beneficiosas firmas, con apoyo económico y político del Gobierno Aznar.
Mensajeros de la Paz fue constituida y registrada como ONG en 1972, por iniciativa de Ángel García Rodríguez. En pleno franquismo, este cura fue apoyado por el almirante Luis Carrero Blanco, vicepresidente del Gobierno en la dictadura. Ángel García aprovechó sus lazos evangélicos para construir un imperio, con la cobertura de la misericoria de Dios como reseña en sus publicaciones. En los estatutos de Mensajeros de la Paz dicen que no tienen afán de lucro, es laica y, además, es apolítica.
Estafas en el nombre de Dios
Pero al cerrarle la puerta a la verdad, la realidad se cuela por la ventana. Para entenderlo, reseñemos algunos detalles sin importancia. El beneficio medio anual que obtiene Mensajeros de la Paz, la ONG sin ánimo de lucro, supera los seis mil millones de pesetas libres de impuestos; entre sus afiliados hay una pléyade de falangistas, ex-militantes de Fuerza Nueva, viejos activos de la Guardia de Franco, ex-jóvenes cachorros fascistas que fueron procesados por sus hazañas heróicas, guerrilleros de Cristo Rey, policías de la Brigada Político-Social (BPS), somatenes, nostálgicos franquistas y sobre todo una numerosa corte de miembros del Opus Dei.
El Padre Ángel, así le llaman sus acólitos, celebra anualmente, con misas, los aniversarios de la muerte del dictador, de José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange; de Luis Carrero Blanco, su admirado protector; y por supuesto, del beato José María Escrivá de Balaguer, fundador del Opus Dei y santo devoto del Padre Ángel.
La ONG que gestiona Ángel García Rodríguez, Mensajeros de la Paz, es el auténtico vivero de cachorros del PP, que antes eran activos duros contra los antifranquistas militantes. Hoy, esta ONG sin ánimo de lucro, hace proselitismo para el PP como hace campañas electorales a favor del partido aznarista, pues no en vano la preside su protectora y patrocinadora. Durante las campañas electorales, el Padre Ángel remite cartas a sus afiliados y personas acogidas en las residencias de ancianos que él regenta con dinero que sale de los Presupuestos Generales del Estado; en esa carta les dice que elija lo que usted considere mejor, pero hágalo pensando en Dios Nuestro Señor y en quien vele por nuestra fe cristiana como el Partido Popular del Señor Don José María Aznar López.
Las millonarias cuentas corrientes de Mensajeros de la Paz, la ONG sin ánimo de lucro, no aguantan las más clementes auditorías; el negocio de Dios, como le llama el Padre Ángel, tiene tantas ramificaciones que, para Hacienda y sus inspectores, la gestión resulta muy opaca, y hemos querido incoar expedientes a Mensajeros de la Paz, pero lo impiden desde arriba. Otra cosa será que alguien vaya por vía judicial. Los ingresos ilegales de esta ONG son mil veces superiores a las cantidades declaradas; y sus recursos legales, uno de los más altos. Mensajeros de la Paz recibe de la Agencia de Cooperación mucho más dinero que el que declaran oficialmente; sumando a las subvenciones legales, partidas de ayuntamientos (Madrid se lleva la palma), comunidades autónomas, grandes bancos, cajas de ahorro, ministerios, multinacionales y grandes empresa, la cantidad administrada por el Padre Ángel resulta incalculable. Una de las entradas, en partidas millonarias indeclaradas, procede de los Fondos Reservados.
El patrimonio inmobiliario de esos Mensajeros de la Paz supera los trescientos edificios, cedidos por ayuntamientos (José María Álvarez del Manzano, alcalde del PP en Madrid, es quien más indulgencias plenarias tiene), instituciones públicas; como también de algunos albaceatos que apodera el Padre Ángel, legados testamentarios, donaciones pías y hasta de préstamos a fondo perdido.
Entre sus bienhechores nunca podría faltar la Casa Real, con los apoyos del rey, la reina, príncipe, infantas-princesas y respectivos consortes. Tampoco (cosas veredes Sancho) Felipe González, Manuel Chaves y José Bono; por exótico, reseñaremos el apoyo recibido de Mijail Gorbachov. El Padre Ángel también logro engatusar a la UNESCO. Entre las firmas más destacadas que apoyan el negocio de Ana Botella y del Padre Ángel, están las cuestionadas multinacionales McDonald's y Disneyland; como Telefónica, que regala integramente el Teléfono Dorado para consultas permanentes; Iberia, que resuelve los viajes píos a Roma, Lourdes y Fátima; Airtel y, cómo no, Radio Televisión Española (RTVE), ente que dirige el conspicuo González Ferrari, al que en el Pirulí rebautizaron como voz de su amo y bienpagáo. RTVE retransmite en directo actos públicos organizados por Ana Botella y el Padre Ángel, como la lectura ininterrumpida de la Biblia (del lunes al jueves de Semana Santa, que pueden seguir por teléfono, televisión en directo, videoconferencia e internet); o la inaguración de la UNED (Universidad de La Bañeza, en León), regida por Mensajeros de la Paz.
Entre las actividades educativas organizadas por el Padre Ángel, destaca el Día de los Abuelos, celebrado en los jardines de su complejo residencial, los belenes fantásticos de cada Navidad, las citas programadas con famosos, visitas al Real Madrid con la Fundación Pequeño Deseo, constituida por RBA Internacional, multinacional de la industrial cultural, para que el joven Alfonso visitara el Estadio Bernabeu; concurso de disfraces y bailes, comidas fraternales con paellas gigantes y un extenso repertorio educacional que patrocinan sociedades multinacionales, grandes bancos, entidades financieras e instituciones públicas.
Los Convenios de Colaboración de la ONG los gestiona Ana Botella desde su lujoso despacho en la sede de Mensajeros de la Paz (General Vara del Rey, número 9, en Madrid); además de Iberia y Fundación Telefónica, están los acuerdos suscritos con Fundación Cofares, AENA, Antena 3TV, Fundación Puleva, Azucarera Ebro Agrícolas, Fundación Madritel y otros onerosos con ayuntamientos, fundaciones y patronatos para dirigir residencias de personas mayores. El patrimonio personal del Padre Ángel resulta incalculable; tan creíble como su nepotismo; familiares suyos trabajan con él y aunque es el Padre Ángel quien rige todos sus negocios, con Mensajeros de la Paz a la cabeza, sus allegados gestionan los trabajos, la contabilidad y labores invisibles, como hace Nieves Tírez Jiménez, bracito derecho le dicen, que es, además, la secretaria personal del avispado cura sin ánimo de lucro.
Además de Ana Botella y el Padre Ángel García, cabezas visibles de Mensajeros de la Paz, a la ONG pertenecen ministros y ex-ministros, franquistas y tardos; miembros de Tácito; Álvarez del Manzano, alcalde de Madrid, y María Eulalia Miró, su esposa, que a su vez es presidenta de Mensajeros de la Paz en Madrid; Ana Rodríguez Mosquera, presidenta honoraria en su comunidad y esposa de José Bono, presidente de Castilla-La Mancha; asimismo, pertenecen o han colaborado con Mensajeros de la Paz, varios personajes de menor calibre, como Concepción Dancausa, Secretaria General de Asuntos Sociales; Javier Urra, Defensor del Menor en Madrid; Lidia San José, Belinda Washintong, Paz Padilla, Matías Prats, Lina Morgan, Luisa Fernanda Rudí, Esperanza Aguirre, Carmen Posada, las actrices Florinda Chico y Miriam Díaz-Aroca.
Caras visibles, mundillo oscuro
Asimismo, forman parte de su entramado Sandra Mayers, deportista y militante de derecha; los cardenales Ángel Suquía y Marcelo Martín, franquista el último de aquí te espero, encarnizado fustigador del también cardenal Enrique Tarancón, al que llamó rojo de los infiernos cuando éste exigió como presidente de la Conferencia Espiscopal española, democratizar profundamente la estructura del Estado y en consecuencia el verticalismo de la Iglesia católica.
En la nómina de colaboradores de Mensajeros de la Paz, está Rodrigo Rato, vicepresidente del Gobierno; Miguel Ángel Cortés, secretario de Estado; Eduardo Zaplana, presidente de la Comunidad de Valencia; Camilo Lorenzo, obispo de Astorga; para rizar el rizo, figura el cardenal Pio Laghi, nuncio papal en Argentina durante la dictadura militar de Videla, al que calificó de cruzado de Dios, haciendo que fuese bajo palio en varias misas celebradas por él; asimismo, bendijo su acción política, pues lo hace para gloria del Señor Jesucristo, como denunciaron Madres de Plaza de Mayo. La lista es tan extensa que es difícil pormenorizarla. Con el botón de muestra parece suficiente.
El patrimonio fundacional de Mensajeros de la Paz era de 366.715 pesetas. Sin embargo, según la contabilidad oculta que figura dentro de la documentación de esa ONG, aquella cantidad es ridícula, pues la cifra es más de doscientos mil millones en su presupuesto anual. El uno de abril de 1997, Mensajeros de la Paz alquiló una planta en Madrid, en el número 47 de la calle Goya, pagando 2.700.000 pesetas al mes a Josefina Cimino Varela, la propietaria, que entonces residía en Santander.
Los ingresos de Mensajeros de la Paz en 1978 llegan a 75.877.510 de pesetas con gasto de 75.674.875. Es decir, la contabilidad cuadrada. Ese año, Mensajeros de la Paz organizó un concierto del que obtuvo 800.000 pesetas de beneficio, al que hay que sumar 7.240.243 pesetas, que figura textualmente en otra cuenta como beneficio de bingos. Ese año, Mensajeros de la Paz recibió 38.688.181 pesetas legales-oficiales de subvenciones. Pero en 1979, la cifra legal se disparó. El presupuesto de Mensajeros de la Paz fue de 51.574.250 de pesetas; según la documentación que corresponde a ese año fiscal, los beneficios de bingos eran 96 millones de pesetas redondas; en 1997, Mensajeros de la Paz declaró unos ingresos de 267.490.912 en pesetas, cantidad de las que 255.500.036 procedían de subvenciones públicas legales, gastando 114.612.148 de pesetas, quedando un saldo a su favor de más de 150 millones de pesetas.
Sólo el patrimonio inmobiliario que administra Mensajeros de la Paz (concesion de instituciones públicas, organismos estatales y Conferencia Episcopal española), está valorado oficialmente en más de novecientos mil millones de pesetas. Por ejemplo, el seminario de La Bañeza, en León, cedido por el Obispado de Astorga (16.000 metros cuadrados construidos y 12.000 útiles), está valorado en 35.900 millones de pesetas por el Colegio de Arquitectos.
Las relaciones con el PP
La presidencia honorífica de Ana Botella la ejecuta Ricardo de León Egües, también responsable de la Fundación Humanismo y Democracia que preside el democristiano Javier Rupérez, actual embajador del Gobierno PP en Washington, amigo y protector de la ultraderecha anticubana, y animador aquí de opositores fascistas anticubanos como Carlos Alberto Montaner y Guillermo de Gortázar, diputado por el PP éste último, casado con Pilar del Castillo, actual ministra de Cultura, y enlace del presidente José María Aznar con la Fundación Nacional Cubano-Americana, muchos de cuyos dirigentes fueron procesados en Estados Unidos por tráfico de armas, asesinatos mafiosos, atentados políticos y narcotráfico. La Fundación Humanismo y Democracia tuvo en sus filas a José María Aznar desde el 4 de mayo de 1994 hasta el 11 de noviembre de 1996, llevando ya cinco meses presidiendo el Gobierno.
En su momento, la Coordinadora de Organizaciones No Gubernamentales de Cooperación para el Desarrollo (CONGDE) manifestaba su extrañeza por la casualidad de que León Egües estuviera en Mensajeros de la Paz y al mismo tiempo fuese responsable de la Fundación Humanismo y Democracia. Ricardo de León Egües perteneció al Gobierno Autónomo navarro cuando Juan Cruz Alli tomó posesión de la presidencia del mismo, el 25 de septiembre de 1991. Ricardo de León Egües fue asesor del Ejecutivo autonómico y, después, aunque nombrado por Alli, sería consejero para el Bienestar Social a petición del presidente Aznar, que tiene con Unión del Pueblo Navarro (UPN) un acuerdo de fusión en la Comunidad. La Fundación Humanismo y Democracia nació el 13 de octubre de 1977, según escritura pública número 3.929, formalizada por José María Prada González, notario de Madrid. La integraban Fernando Álvarez de Miranda, que fue Defensor del Pueblo; Óscar Alzaga y Rafael Arias Salgado (después ministro de Fomento con el primer Gobierno del PP); Luis Vega Escandón, que presidió la Jornada de la Asamblea de las Asociaciones La Cruz de los Ángeles y Mensajeros de la Paz el 31 de marzo del año 1973 en Oviedo; José Luis Cudos Samblacat, así como Iñigo Cavero, Geminiano Carrascal Martín, Julen Guimón, Modesto Fraile, Pilar Salarrullana y Luis Gómez-Acebo, ucedistas y aliancistas y algún componente de Tácito que ayudó a José María Aznar a encarrilar al PP en su ficticio viaje hacia el centro. Javier Rupérez, embajador del Ejecutivo en Washintong, donde tiene muchos amigos, es presidente de la Internacional Liberal; uno de sus vicepresidentes de la Internacional es el contrarrevolucionario Carlos Alberto Montaner, quien tiene una biografía encubierta de oscuras acciones y plagios literarios y que, públicamente, en directo (en un programa que condujo Mercedes Milás), amenazó al sacerdote jesuita José Ignacio Ellacuría pocas semanas antes de que fuese asesinado junto a sus compañeros en la capital salvadoreña. La vida y milagros de Montaner corresponden a otro capítulo. El 14 de mayo del año 1985, el democristiano Javier Tussell fue nombrado director de la Fundación Humanismo y Democracia. Tussell recibió el encargo de establecer relaciones con la Fundación Konrad Adenauer, que coordinaría Carlos Moro Moreno, delegado de Gobierno en Castilla-La Mancha. Poco años después, Carlos Moro Moreno sería implicado en el escándalo del lino, tras ser acusado por José Bono como un cazaprima por recibir comisiones para manipular estos cultivos. Una finca familiar, dedicada a la explotación agrícola, sufre un incendio, perdiendo algunas hectáreas; cuando las llamas asolaban la tierra, el capataz no dejó entrar a los bomberos, diciéndoles que tenía la orden del amo y que tenía controlado aquel fuego cuando la dotación estaba viendo que el siniestro total aún estaba en pleno auge. Pero entre compensaciones de las aseguradoras, las subvenciones públicas y los pagos estatales, el incendio supondría un monto superior al beneficio obtenido en las cinco últimas temporadas.
Una línea 900 de Telefónica
La luz de crear Mensajeros de la Paz le vino a la cabeza a Ángel García Rodríguez, en 1963. El Padre Ángel estudiaba en el seminario diocesano de Oviedo. Ángel García Rodríguez se preguntó qué haría, dice en charlas pastorales. Nueve años después, fundaba su organización en compañía de María Antonia Camacho Vacas, José Manuel Alfonso Ramos, Domingo Pérez Fernández, Azucena Aguado Calvo, Miguel Coviella Corripio, Miguel Jover Bellod, Amparo Pintado Cespedes y Rodrigo Pérez Perela. Parte de los fundadores crea el 23 noviembre del año 1996, la asociación Edad Dorada, con el número 161.791 en el Registro Nacional de Asociaciones del ministerio de Interior. En Mensajeros de la Paz y Asociación Edad Dorada, coinciden el Padre Ángel y María Antonia Camacho Vacas.
Asociación Edad Dorada-Mensajeros de la Paz (nombre completo) se declara independiente, aconfesional y apolítica (artículo segundo de los estatutos), sin ánimo de lucro (artículo cuarto), con proyección e implantación mundial en países en vías de desarrollo. Esta ONG escrituraba un patrimonio fundacional de 500.000 pesetas. Pero en 1999 tenía previsto ingresar unos 976 millones, de los que casi 618 figuran en el apartado subvenciones, donaciones y legados, aparte de los 437 millones por los ingresos de patrocinadores y colaboradores. Mensajeros de la Paz tienen aún más facetas, pues además de presentarse como ONG, organización benéfica, fundación caritativa y asociación, auspicia la Fundación Teléfono Dorado, que explota, como su nombre indica, el Teléfono Dorado que según dicen ellos ha recibido más de tres millones y medio de llamadas para paliar la soledad de personas mayores. Esta Fundación, constituida en agosto de 1998, también está presidida por el Padre Ángel, e integrada por Pedro Mella Fernández, vicepresidente; María de las Nieves Tírez Jiménez, secretaria general de la Fundación y secretaria personal del propio sacerdote; José Ramón Campos Mulero, Antonio Rodríguez Peña y Francisco Limonche Valverde, quienes figuran como vocales y asesores.
Francisco Limonche Valverde es alto cargo de Telefónica Internacional, compañía multinacional que expanden en Latinoamérica, con muchos intereses comerciales en aquel continente. Gracias a la solidaridad de las personas que nos ayudan, es posible que esta Asociación avance en su espíritu fundacional, se lee en una una revista de la Asociación Teléfono Dorado.
Gracias a la gestión directa de Ana Botella con su amigo Juan Villalonga, quien actualmente reside en Miami con el billón de pesetas que obtuvo por irse de la firma, Telefónica contribuye a la tarea de solidaridad con la Línea 900 (900 22 22 23) cuyo importe por llamadas corre siempre a cuenta de Telefónica, mientras los trabajadores de SINTEL continúan esperando pacientemente que resuelvan el desaguisado de una de las grandes estafas de la democracia.
Según el Padre Ángel, el equipo de operarios que atienden las llamadas constituye un equipo integral compuesto por psicólogos, médicos y personas desinteresadas.
Todo este trabajo se nutre de voluntarios. Durante la noche, las líneas son desviadas al domicilio particular de algunos voluntarios. Sin embargo, según varias denuncias archivadas, esos empleados del Padre Ángel, al tiempo que atienden el Teléfono Dorado, someten a las personas solitarias que les llaman a un premeditado y completo interrogatorio, previamente asesorados por el Padre Ángel y el consentimiento de Ana Botella, con preguntas sobre su estado psíquico, necesidades espirituales y estado legal de sus viviendas, si son propietarios, de cualquier otro patrimonio y, sobre todo, de la pensión que reciben. La mayoría firma la tutela para las gestiones correspondientes; cuando mueren, según una cláusula, esa propiedad pasa a engrosar el patrimonio de Mensajeros de la Paz-Edad Dorada. Según el Padre Ángel García, uno de los problemas más graves de todos nuestros mayores es la soledad.
Ana Botella con despacho lujoso
Pero lo que el Padre Ángel no dice es que tiene también un teléfono comercial, 906, el Teléfono de la Solidaridad, cuyo lema es llama y te sentirás reconfortado y solidario. Quienes se sientan animado con ese ardid, escucharán un fragmento de la Biblia grabado con la voz del Padre Ángel. El precio de cada llamada al Teléfono de la Solidaridad, según Telefónica, es 47'24 pesetas el minuto. Sin embargo, según informan al final de la lectura religiosa, el coste de la consulta es 93 pesetas por cada minuto. Mensajeros de la Paz tiene por objeto acoger en Hogares Funcionales a menores privados de ambiente familiar o abandonados, a jóvenes con problemas, en dificultad social y a personas mayores que se encuentran solas, junto a proyectos de cooperación internacional, según puede leerse textualmente en la ficha que la CONGDE (Coordinadora de las ONG) posee. La sede social está en el centro de Madrid, en pleno Rastro madrileño. El edificio, cedido a perpetuidad por el Ayuntamiento de Madrid, como no podía ser menos, nunca pasaría desapercibido; pintado de verde, reza en letras amarillas que allí está Mensajeros de la Paz, Teléfono Dorado y, bajo un dibujo de su gran teléfono, figura el número 900 22 22 23. Mensajeros de la Paz comparte el edificio con las oficinas de la Asociación Provida, franquista y ultramontana organización que tiene en su lucha contra el aborto la bandera de sus enjuagües, miserias y negocios.
El Estado Mayor del Padre Ángel, que tiene allí uno de sus despachos dorados, está en la primera planta. Por supuesto, Ana Botella, presidenta de honor, tiene también su lujoso bufete, provisto de todas las comodidades, incluido un sofá terapéutico para descansar durante las pausas de su tarea, sobre todo entre los momentos tensos en los que despacha las cuentas del negocio con el Padre Ángel, único capítulo en el que no intervienen nadie más que ellos dos, y siempre solos. Según comentarios del Padre Ángel a quien quiere oirle, doña Ana Botella utiliza simbólicamente los despachos para atender llamadas de personas mayores.
Allí siempre hay revuelos de personas, la mayoría de la tercera edad, mientras los teléfono no paran de sonar. Todos corren de un lado a otro. La entrada está decorada con imágenes religiosas y retratos del Padre Ángel, su fundador. La mano derecha de este avispado cura es Nieves Tírez Jiménez, su secretaria, socia en la Fundación Teléfono Dorado, que es quien coordina la apretada agenda de inauguraciones, actividades sociales y visitas a campos de refugiados, levantados por soldados y voluntarios. Programas financiados, dirigidos y coordinados siempre por el ministerio de Defensa, el PP y el Gobierno Aznar como campañas de imagen que divulgan sus adelantados en prensa, radio y televisión, con nombres y apellidos, una de cuyas copias confidenciales está en nuestro poder, que haremos pública cuando lo consideremos más oportuno.
Este singular cura, quien afirma que no le gusta ponerse el alzacuellos, dice que no descuido mi obligación como sacerdote. Su despacho está presidido por una talla en madera de la Virgen, remozada con flores de plástico. Las paredes de su oficina están repletas de fotografías suyas con muchos dirigentes políticos que han estado en los gobiernos desde la cuestionada transición hasta hoy. Desde Felipe González y José María Aznar, Camilo José Cela, el rey Juan Carlos, la reina Sofía, los príncipes y otros miembros de la familia real hasta José Bono y un nutrido iconostasio de personajes ligados a la vida pública, social y, como dice el Padre Ángel en su propio endiosamiento, famosos de siempre que nos dan mucha cancha en prensa; por supuesto, la presidenta Ana Botella es la actriz de todas sus paredes.
Pero el Padre Ángel pretende ser la cara amable de la ONG, aunque no ha podido a pesar de su pardo protagonismo y su obsesión por fotografiarme con las personalidades que nos visiten, para promocionar nuestras insuperables obras cristianas para mayor gloria del Santo Dios, Nuestro Señor. Asturiano, nacido en Mieres el 13 de marzo de 1937, lo que no está claro es hasta dónde llega ese ministerio cristiano, estatutariamente laico; y es que, nunca mejor dicho, Dios está en todas partes. Mensajeros de la Paz cuenta con unas cien residencias de la tercera edad repartidas por todo el territorio del Estado español, numerosos pisos tutelados y casas de acogida. Más de treinta pisos tienen en Madrid, donde Mensajeros de la Paz ha obtenido también, a través de innumerables subvenciones, legales y encubiertas, más de dos mil ochocientos noventa millones de pesetas, y sólo en el año 1999.
Humanización y Comercio
El Padre Ángel tiene buenas relaciones con la nobleza y los dirigentes políticos. Él mismo declaraba que no puedo decir que sea aconfesional o apolítico; nosotros no le preguntamos a la gente de qué religión es, pero tampoco le decimos que no sea católica. Nosotros somos del Gobierno español, esté quien esté. En Méjico o allá donde tengamos un proyecto, lo mismo de los mismo. Prueba de ese eclecticismo es que en la página web de Mensajeros por la Paz, diseñada, regalada y financiada por Telefónica, bajo el calificativo de nuestros amigos, están las fotos del Padre Ángel con personajes del más ramplón espectro político y social, destacando el relieve de las que figura con los famosos, como él denomina a toda la corte de impresentables que abarrotan las revistas del corazón o, lo que es parecido, esas publicaciones antiperiodísticas, ruines y dañinas, que desgraciadamente invaden la vida de este país. y ha nombrado a las primeras damas de cada comunidad autónoma española presidentas de honor de la citada organización.
El nuevo luminoso proyecto para que los mayores no se sientan solos, fue inaugurado hace a mediados de 1999 bajo los auspicios de la infanta Mercedes de Borbón, con apoyo de Alicia Koplowitz, que cedió los terrenos, abriendo el Centro Terapéutico de Animales de Compañía para mayores; perros y gatos para la Tercera Edad. En el luminoso complejo del Padre Ángel y Ana Botella participan la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE), Fundación Purina y la Escuela de Adiestramiento de la Guardia Civil, así como otras instituciones, destacando entre ellas el ministerio de Interior, cuya aportación económica procede de los Fondos Reservados. Las iniciativas sobrepasan la frontera. Mensajeros de la Paz y el Padre Ángel están presentes en Benin, Bolivia, Brasil, Costa de Marfil y Costa Rica; en Ecuador, Guatemala, México, Miami, Panamá, Perú, Tanzania, Kenia y Uganda, como consta en el Registro Nacional de Asociaciones del ministerio de Interior. Otra de las iniciativas que ha tenido a bien instaurar el Padre Ángel ha sido el Día de los Abuelos. Para ello quiso contar con el apoyo de las grandes superficies comerciales; sin embargo, algunas se negaron a secundar la iniciativa porque es para negocios de Ana Botella y el Padre Ángel, lo que provocó la ira del cura, quien decidió hacerles la guerra, como quedaba patente en varios artículos de Júbilo, otra de las publicaciones de Mensajeros de la Paz, esa ONG que dice no tener ánimo de lucro.
Cuando una voluntaria le preguntó al Padre Ángel por qué, el cura dijo que el objetivo es humanizar la figura de los abuelos; a lo que la voluntaria replicó con otra pregunta, diciéndole que ¿desde cuándo la humanización pasa por patentes y marcas? El Padre Ángel no cejó en su empeño y, contra viento y marea, el Día de los Abuelos lo celebra desde la primera edición con diferentes actos en cualquier territorio de nuestro país al que lleguemos.
Para el Padre Ángel, el Día de los Abuelos bien vale una misa, como la que tuvo lugar en Santiago de Compostela, dentro de la catedral, concelebrada por dos abuelos que se ordenaron al enviudar, y que legaron todo su patrimonio a favor de Mensajeros de la Paz.
Aquella misa cantada fue retransmitida, por mandato de Ana Botella a Javier González Ferrari, a través de TVE, la privada Televisión Española del PP. Pocos días antes, el Padre Ángel se entrevistó con Manuel Veiga, presidente de la Asamblea de Extremadura, al que pidió que actuase de portavoz ante otros presidentes de parlamentos autonómicos, para que reconocieran oficialmente la fiesta. El Padre Ángel también consiguió que el Papa bendijera su iniciativa; contó también con el apoyo de la Casa Real; como homenaje, el Padre Ángel y Ana Botella decidieron nombrar Abuelos de Oro al rey y a la reina.
Como es fácil comprobar, el Padre Ángel y la propia Ana Botella aprendieron la lección del dictador y saben que hay que tenerlo todo atado y bien atado.
El negocio de Mensajeros de la Paz es un saco sin fondo, cuyas cuentas millonarias benefician a unos y otras. Pero aquel vivero del PP también tiene los pies de barro. Las vinculaciones de Mensajeros de la Paz con la Confederación Católica de Padres de Alumnos (CONCAPA) que fundó Carmen Alverar, con la Iglesia católica, sobre todo con su cúpula, son verdades axiomáticas; es decir, que no es necesario demostrarse. Pero más vinculados están a los Servicios Secretos según un Informe Confidencial del Cesid, para los que han hecho trabajos cuando se les ha solicitado de manera oficiosa y personal. Como se verá, todo queda en casa, pues el espionaje lo hacen de forma habitual y sistemática. Mucho espiar a rebeldes, rojos y ocupas y después resulta que al Servicio Secreto del Estado se le cuela la delincuencia en la cresta del propio Gobierno. La policía identificó al intérprete, protegido por el Padre Ángel (quien acompañaba al presidente José María Aznar y Ana Botella en su promocionada visita a los refugiados albaneses que tenían acogidos), como a un mafioso kosovar que estaba buscando. Gran sorpresa para quienes le seguían la pista, al verlo en televisión; era de toda confianza en la ONG denominada Mensajeros de la Paz. fuente:http://www.losgenoveses.net/Nacionalcatolicismo/padreangel1.html
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2016.06.07 03:37 ShaunaDorothy Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético (Noviembre de 2015)

https://archive.is/QazK6
Espartaco No. 44 Noviembre de 2015
Notas críticas sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético
Por Joseph Seymour
A continuación publicamos, ligeramente editado, un documento de Joseph Seymour, miembro del Comité Central de la Spartacist League. El documento, fechado el 14 de marzo de 2009, fue una contribución a las discusiones y debates que precedieron a la XIII Conferencia Nacional de la Spartacist League/U.S., sección de la Liga Comunista Internacional (Cuartainternacionalista), ese mismo año y se publicó originalmente en Workers Vanguard No. 949 (1° de enero de 2010).
En el pleno de nuestro Comité Ejecutivo Internacional, celebrado a principios de 2008, hubo una discusión y, creo, diferencias incipientes en torno al contenido del término “muerte del comunismo”, lo cual es clave para entender las condiciones político-ideológicas del mundo postsoviético. En ese entonces, yo argumenté:
“Una cuestión importante al discutir el trabajo en Sudáfrica y México...es si estos países —se ha mencionado a China y Grecia— son una excepción a lo que hemos llamado el ‘retroceso en la conciencia’ y la ideología de la ‘muerte del comunismo’, y en qué sentido lo son. Pero el concepto de excepción implica una norma. Así que, ¿cuál es esa norma? La abrumadora mayoría de nuestra tendencia se ubica en los países capitalistas-imperialistas avanzados de Europa Occidental y Norteamérica... Es aquí donde todos los días, de manera generalizada, encontramos la ideología de la ‘muerte del comunismo’. Y creo que esto ha determinado un cierto entendimiento parcial y deformado de las delineaciones y divisiones políticas radicalmente modificadas en todo el mundo.
“Casi cada vez que usamos el término ‘muerte del comunismo’ lo vinculamos al triunfalismo burgués. No nos referimos al triunfalismo de la burguesía de la India, Egipto o Brasil. Nos referimos al triunfalismo de la burguesía imperialista occidental, principalmente la estadounidense. Pero el escepticismo respecto a la posibilidad de una sociedad comunista internacional futura —y esto es el núcleo de la ‘muerte del comunismo’— en los países del Tercer Mundo no puede identificarse con el triunfalismo y la dominación del imperialismo estadounidense. Más bien, nos encontramos con un ascenso, bastante significativo y con amplias bases de apoyo, de movimientos político-ideológicos que se presentan como oponentes del triunfalismo imperialista estadounidense. El ejemplo más obvio es, claro, el populismo nacionalista latinoamericano ejemplificado por Hugo Chávez. Pero también encontramos el mismo fenómeno en un sentido muy derechista, que es el ascenso del fundamentalismo islámico antioccidental en los países del Medio Oriente. Osama bin Laden, Hugo Chávez, Tony Blair, Bill Clinton: todos ellos representan la ‘muerte del comunismo’ de diversos modos y en diversos contextos nacionales”.
El núcleo de la “muerte del comunismo” es precisamente ése: un escepticismo respecto a la posibilidad de una civilización comunista global en el sentido marxista. Eso es un terreno común básico que comparten diversas tendencias políticas que a veces tienen actitudes fuertemente hostiles al imperialismo occidental, la democracia parlamentaria, la economía capitalista de mercado y otras cuestiones controvertidas (como la degradación ambiental), que separan a la izquierda de la derecha en el sentido convencional de estos términos.
Para asegurarme de que todos tenemos un entendimiento común de los términos, voy a reafirmar brevemente las principales características que tendría una sociedad plenamente comunista a escala global. La escasez económica ha sido superada, por lo que ha podido eliminarse el trabajo asalariado (“de cada cual, según su capacidad; a cada cual, según sus necesidades”). El trabajo enajenado ha sido remplazado por trabajo creativo, científico y cultural (Marx alguna vez usó la composición musical como ejemplo de esto). El estado se ha extinguido de manera que, en palabras de Engels, el gobierno sobre los hombres ha dado paso a la administración de las cosas. Las afiliaciones racial, nacional y étnica han desaparecido mediante una extensa procreación interétnica y la movilidad global (“el género humano es la Internacional”). La familia ha sido remplazada por instituciones colectivas para el trabajo doméstico, la crianza y la socialización de los niños.
La abrumadora mayoría de quienes se consideran izquierdistas y pasan de los 40 o 50 años, consideran que una sociedad futura como la que describí es utópica. La abrumadora mayoría de los izquierdistas más jóvenes, representados, por ejemplo, por el medio de los “foros sociales”, para todo propósito práctico desconocen el concepto marxista de la civilización comunista global y son indiferentes a él. Sus preocupaciones son defensivas y minimalistas: apoyar los derechos democráticos de los pueblos oprimidos (por ejemplo, los palestinos), detener el desmantelamiento del “estado del bienestar” en Europa Occidental o impedir que el medio ambiente se siga degradando (calentamiento global).
Voy a replantear mi argumento haciendo referencia a El estado y la revolución de Lenin. Cuando esta obra se publicó en 1918 y en las décadas subsecuentes, la principal diferencia entre los marxistas revolucionarios y las demás tendencias de izquierda tenía que ver con el tema que se discute en el capítulo I (“La sociedad de clases y el estado”). Ahí, Lenin afirma concisamente:
“La doctrina de Marx y Engels sobre la ineluctabilidad de la revolución violenta se refiere al estado burgués. Éste no puede ser sustituido por el estado proletario (por la dictadura del proletariado) mediante la ‘extinción’, sino sólo, como regla general, mediante la revolución violenta” [énfasis en el original].
En el periodo postsoviético, la diferencia más fundamental entre nosotros y las demás tendencias de la izquierda tiene que ver con el tema que se discute en el capítulo V (“Las bases económicas de la extinción del estado”) y que se explica concisamente en el siguiente pasaje:
“La base económica de la extinción completa del estado significa un desarrollo tan elevado del comunismo que en él desaparece la oposición entre el trabajo intelectual y el manual. En consecuencia, deja de existir una de las fuentes más importantes de la desigualdad social contemporánea, una fuente que en modo alguno puede ser suprimida de golpe por el solo hecho de que los medios de producción pasen a ser propiedad social, por la sola expropiación de los capitalistas.
“Esta expropiación dará la posibilidad de desarrollar las fuerzas productivas en proporciones gigantescas. Y al ver cómo retrasa el capitalismo ya hoy, de modo increíble, este desarrollo y cuánto podríamos avanzar sobre la base de la técnica moderna ya lograda, tenemos derecho a decir con la mayor certidumbre que la expropiación de los capitalistas originará inevitablemente un desarrollo gigantesco de las fuerzas productivas de la sociedad humana” [énfasis en el original].
La generación postsoviética de activistas de izquierda no puede entender fácilmente las ideas expuestas arriba porque no ha pensado en ellas.
El triunfalismo del imperialismo estadounidense no es el problema
Si bien la claridad sobre la cuestión de la “muerte del comunismo” no bastará para resolver nuestros problemas, la continua confusión a este respecto sí contribuirá a agravarlos. El no reconocer la diferencia más fundamental que nos separa del resto de la izquierda —el hecho de que no compartimos un mismo fin último— ha sido un importante factor subyacente en los recurrentes problemas políticos del partido.
Cuando aún era editor de Workers Vanguard, Jan Norden [actualmente del centrista Grupo Internacionalista] consideraba, de manera consciente y sistemática, que la “muerte del comunismo” era principalmente una expresión del triunfalismo del imperialismo estadounidense. De ahí que creyera que el levantamiento zapatista de los empobrecidos campesinos indígenas del sur de México en 1994 sería un poderoso contragolpe que debilitaría, al menos en América Latina, el efecto ideológico de la caída de la Unión Soviética. Desde que Norden desertó de nuestra organización en 1996, ha habido una tendencia en nuestro partido a amalgamar bajo el rubro de “retroceso en la conciencia” (un término que acuñé yo en la lucha contra Norden) el escepticismo respecto a la sociedad comunista futura, el triunfalismo imperialista occidental y el reformismo socialdemócrata tradicional. Algunos camaradas han argumentado que la principal diferencia que nos separa del resto de la izquierda versa sobre si el estado capitalista puede o no reformarse, como si estuviéramos en los tiempos de Lenin contra Kautsky en la secuela inmediata de la Revolución de Octubre.
Una formulación estándar tanto en nuestra literatura pública como en nuestro discurso interno es que el efecto de la “muerte del comunismo” ha sido internacionalmente “desigual”. El término “desigual” implica que el efecto puede medirse cuantitativamente en una escala lineal: muy alto en Estados Unidos y Francia, mucho más bajo en México y Sudáfrica. Como alguna vez fui estudiante de economía académica y después fui maestro, me imagino una gráfica de barras que mide y compara, por ejemplo, la producción nacional per cápita de distintos países. Pero el efecto diferencial que tuvo internacionalmente la “muerte del comunismo” no puede entenderse de ese modo. Lo que encontramos no son distintos niveles, sino distintas formas de la ideología postsoviética.
Tomemos por caso a Rusia. Al explicar el concepto de la “muerte del comunismo”, frecuentemente usamos la formulación de que la antigua Unión Soviética es considerada, en el mejor de los casos, un “experimento fallido”. Eso en general es cierto en Europa Occidental y Norteamérica. No es tan cierto en el Tercer Mundo. Y no es cierto en absoluto en Rusia. Todo lo contrario. El sector políticamente dominante de la nueva clase capitalista rusa, representado por Vladímir Putin, considera que la Unión Soviética fue el más exitoso de los experimentos, por decirlo así, de la construcción estatal centrada en Rusia. En 2005, Putin declaró que el colapso de la Unión Soviética había sido “la mayor catástrofe geopolítica del siglo XX” (citado en Edward Lucas, The New Cold War: Putin’s Russia and the Threat to the West [La nueva Guerra Fría: La Rusia de Putin y la amenaza al Occidente, 2008]). Supongo que en toda la sociedad rusa está extendida una actitud similar respecto a la antigua URSS.
En los últimos años, el régimen de Putin y en general la élite rusa han querido restaurar la reputación histórica de Stalin como el gran líder de una potencia mundial dominada por Rusia en el siglo XX. El embajador ruso en la OTAN adorna su oficina con un retrato de Stalin. Un popular programa de televisión, “El nombre de Rusia”, ubicó a Stalin como uno de los cinco personajes históricos más grandes del país (Economist, 27 de noviembre de 2008). En 2007, una guía educativa de patrocinio oficial, Una historia moderna de Rusia, 1945-2006: Manual para el maestro, comparaba favorablemente a Stalin con Pedro el Grande: “Stalin siguió la lógica de Pedro el Grande: exigir lo imposible...para obtener lo máximo posible”. Luego continúa:
“Él [Stalin] es considerado uno de los líderes más exitosos de la URSS. El territorio del país llegó a los límites del viejo imperio ruso (y en algunas áreas lo sobrepasó). Se consiguió la victoria en una de las mayores guerras; la industrialización de la economía y la revolución cultural se llevaron a cabo con éxito, lo que produjo no sólo educación de masas, sino el mejor sistema educativo del mundo. La URSS llegó a ser uno de los países líderes en ciencias; el desempleo fue prácticamente derrotado”.
—citado en Lucas, The New Cold War
No precisamente la descripción de un “experimento fallido”.
En cierto modo nos es más difícil lidiar con la forma que la “muerte del comunismo” presenta en Rusia que la que tiene en Europa Occidental y Norteamérica. En estas últimas regiones, la antigua Unión Soviética todavía se identifica principalmente con el “socialismo”, no con el “imperialismo ruso”. Stalin se considera un discípulo de Marx y Engels y como tal en general se le condena. En Rusia, Stalin se considera el sucesor de Pedro el Grande y Catalina la Grande, y como tal se le ensalza. Para muchos rusos, el comunismo no ha muerto porque nunca estuvo vivo.
Incluso antes de que la severidad de la actual desaceleración económica mundial se volviera evidente el pasado otoño, el triunfalismo del “libre mercado” había dejado de ser una corriente importante en el clima de la opinión burguesa incluso en Estados Unidos. Hoy, hay voceros prominentes y respetados del capital financiero estadounidense, como el antiguo director de la Reserva Federal, Paul Volcker, que anuncian una desaceleración global profunda y prolongada. Las comparaciones con la Gran Depresión de los años 30 se han vuelto un lugar común. El alcalde tory [conservador] de Londres comentó que en estos días leer el Financial Times de esa ciudad es como frecuentar una secta suicida milenarista. Sin embargo, ninguna opinión burguesa actual se muestra preocupada por la posibilidad de revoluciones socialistas inminentes en ningún lado o la resurrección de partidos comunistas de masas que reivindiquen la tradición marxista-leninista.
De fines y medios: Un recorrido histórico
En la sección titulada “La fase superior de la sociedad comunista” del capítulo V de El estado y la revolución, Lenin escribió:
“Desde el punto de vista burgués, es fácil declarar ‘pura utopía’ semejante régimen social y burlarse diciendo que los socialistas prometen a todos el derecho a recibir de la sociedad, sin el menor control del trabajo realizado por cada ciudadano, la cantidad que deseen de trufas, automóviles, pianos, etc. Con estas burlas siguen saliendo del paso, incluso hoy, la mayoría de los ‘sabios’ burgueses, que demuestran así su ignorancia y su defensa interesada del capitalismo”.
Con el término “sabios burgueses”, Lenin se refería a los intelectuales que apoyaban y justificaban abiertamente el sistema económico capitalista. Lenin no incluía en esta categoría a los voceros ideológicos de la II Internacional (Socialista), como Karl Kautsky, que se consideraba a sí mismo un marxista ortodoxo.
Si para 1917-1918 los líderes del ala derecha de los partidos socialdemócratas de masas (como Friedrich Ebert en Alemania, Albert Thomas en Francia o Emile Vandervelde en Bélgica) seguían creyendo o no subjetivamente en una futura sociedad socialista es un asunto distinto. Lo más probable es que no. Pero ninguno de ellos repudió públicamente la meta tradicional del movimiento socialista como proyecto utópico.
Al principio de la Revolución Alemana, en noviembre de 1918, el centrista Partido Socialdemócrata Independiente puso una serie de condiciones (exigencias) a su participación en un gobierno de coalición con el Partido Socialdemócrata (SPD) sobre la base de los consejos de obreros y soldados que entonces existían. La primera de ellas era: “Alemania debe ser una república socialista”. A eso, la dirección del SPD respondió: “Esta exigencia es la meta de nuestra propia política. Sin embargo es el pueblo quien debe decidir esto a través de la asamblea constituyente” (citado en John Riddell, ed., The German Revolution and the Debate on Soviet Power: Documents, 1918-1919: Preparing the Founding Congress [La Revolución Alemana y el debate sobre el poder soviético: Documentos, 1918-1919: Preparando el congreso de fundación, 1986]). Al atacar la Revolución de Octubre y a la recién nacida Internacional Comunista, los líderes socialdemócratas condenaban principalmente la dictadura del proletariado como una violación de la democracia, que identificaban con un gobierno de tipo parlamentario elegido por sufragio universal e igual.
Aquí es útil revisar el libro Moscú bajo Lenin, unas memorias que escribiera a finales de los años cuarenta y principios de los cincuenta Alfred Rosmer, colega y amigo de Trotsky. Rosmer había sido anarquista y después uno de los principales intelectuales sindicalistas de Francia, antes de sumarse a la recién fundada Internacional Comunista. En estos recuerdos, Rosmer narra la reacción inicial que provocó El estado y la revolución de Lenin entre los socialdemócratas ortodoxos como Kautsky y Jean Longuet (el nieto de Marx) así como entre los anarquistas:
“Era un libro extraordinario y su destino fue singular: Lenin, marxista y socialdemócrata, era atacado por los teóricos de los partidos socialistas que invocaban el marxismo: ‘¡Eso no es marxismo!’ gritaban, es una mezcla de anarquismo, de blanquismo; ‘de blanquismo a la salsa tártara’, escribía uno de ellos para hacer una frase ingeniosa. Por el contrario, este blanquismo y su salsa eran para los revolucionarios situados fuera del marxismo ortodoxo, sindicalistas y anarquistas, una agradable revelación. Jamás un lenguaje semejante salía de las bocas de los marxistas que ellos conocían”.
Louis-Auguste Blanqui (1805-1881) fue el último de los grandes representantes de la tradición comunista jacobina originada con la Conspiración de los Iguales de Babeuf en los últimos días de la Revolución Francesa. La concepción babeufista del comunismo (desarrollada en una sociedad preindustrial) tenía que ver con la distribución y el consumo más que con la producción y la superación de la escasez económica. Sin embargo, al calificar a Lenin de “blanquista”, Kautsky, Longuet et al. no se referían a ese aspecto de la perspectiva jacobino-comunista. El “blanquismo” de Lenin era para ellos el derrocamiento insurreccional del estado capitalista organizado y dirigido por un partido revolucionario de vanguardia.
Como señala Rosmer, El estado y la revolución fue muy bien recibido entre varios anarquistas y sindicalistas, algunos de los cuales creyeron que Lenin se estaba moviendo del marxismo hacia el campo político de ellos. Sin embargo, los anarquistas más cultivados en cuestiones de doctrina entendieron que, si bien Lenin estaba de acuerdo con la necesidad de un derrocamiento insurreccional del estado burgués, todavía sostenía, e incluso enfatizaba, el programa marxista de la dictadura del proletariado como transición a una sociedad plenamente comunista. A este respecto, Rosmer cita a un anarquista alemán, Erich Mühsam, que, estando preso en 1919, escribió:
“Las tesis teóricas y prácticas de Lenin sobre la realización de la revolución y de las tareas comunistas del proletariado han dado a nuestra acción una nueva base... Ya no hay obstáculos insuperables para la unificación del proletariado revolucionario entero. Los anarquistas comunistas, ciertamente, han tenido que ceder en el punto de desacuerdo más importante entre las dos grandes tendencias del socialismo; han debido renunciar a la actitud negativa de Bakunin ante la dictadura del proletariado y rendirse en este punto a la opinión de Marx”.
Para Mühsam, el “desacuerdo” entre Bakunin y Marx respecto a la dictadura del proletariado tenía que ver con el medio de llegar a un fin último que ambos compartían: una sociedad igualitaria sin clases y sin estado.
Todos sabemos que en una polémica política las ideas y posiciones que no se discuten son, a su modo, tan importantes como las que se discuten. Uno no discute contra posiciones que el oponente no sostiene y especialmente donde hay un terreno común. Por ejemplo, al polemizar contra liberales negros o izquierdistas radicales en Estados Unidos, no refutamos la falsa noción que exponen algunos racistas de derecha de que los negros son “inferiores” a los blancos. En 1918-1920, Lenin y Trotsky escribieron sendos libros polémicos contra Kautsky. En ningún lado de La revolución proletaria y el renegado Kautsky como tampoco en Terrorismo y comunismo se argumenta contra la posición de que la sociedad comunista en el sentido marxista sea algo utópico, pues Kautsky no defendía tal posición.
Adelantémonos hasta finales de los años treinta, cuando el movimiento comunista internacional estaba ya totalmente estalinizado. Consideremos específicamente al joven Maxime Rodinson, un intelectual judío francés que luego se convertiría en un prominente académico de izquierda especializado en el Medio Oriente y la sociedad islámica. En un ensayo de 1981 titulado “Autocrítica”, Rodinson recordó cuál fue el estado de espíritu que lo llevó a ingresar al Partido Comunista Francés en 1937 (al cual abandonó en 1958):
“La adhesión al comunismo implicaba, e implica todavía, comprometerse con una lucha que supuestamente le permitirá a la humanidad realizar un salto esencial y eminentemente benéfico: acabar con un sistema que permanentemente produce pobreza y crimen, que subyuga y condena a millones de personas a lo largo del mundo a una vida atroz o incluso a la muerte. La intención es crear una humanidad liberada en la que todos puedan florecer hasta donde se los permita su potencial, en la que el colectivo de seres libres controle la administración sobre las cosas y establezca el mínimo indispensable de reglas para armonizar las relaciones entre los seres humanos”.
—Cult, Ghetto, and State: The Persistence of the Jewish Question (Culto, gueto y estado: La persistencia de la cuestión judía, 1983)
Como intelectual, Rodinson podía articular las metas liberadoras del marxismo mejor que los muchos millones de obreros jóvenes que ingresaron a los partidos comunistas de Francia e Italia, la India y Vietnam y otros lugares durante la era de Stalin. Sin embargo, muchos de esos obreros —aunque ciertamente no todos— también estaban motivados por una visión del futuro de liberación social multilateral. No consideraban a los partidos comunistas como meras agencias políticas para defender y promover sus intereses económicos o sociales (por ejemplo, nacionales) dentro del sistema capitalista-imperialista existente.
En general, los obreros políticamente avanzados y los intelectuales izquierdistas que apoyaban a los partidos socialdemócratas de masas no compartían la concepción marxista de una sociedad genuinamente comunista. Pero ellos también aspiraban a una sociedad radicalmente diferente y mejor que la presente. En 1961, un intelectual socialdemócrata de izquierda, el británico Ralph Miliband, publicó un libro altamente crítico del Partido Laborista titulado Parliamentary Socialism: A Study of the Politics of Labour [Socialismo parlamentario: Un estudio de la política del laborismo]. El libro apareció en la secuela inmediata de un intento fallido por parte de los líderes del ala derecha del partido por deshacerse de la Cláusula IV de la constitución partidista de 1918. La Cláusula IV en general se consideraba el programa máximo del Partido Laborista: “Asegurar a los trabajadores manuales e intelectuales la plenitud de los frutos de su industria y la más equitativa distribución de todo cuanto sea posible, sobre la base de la propiedad común de los medios de producción, distribución e intercambio”. Al describir la batalla sobre la Cláusula IV que tuvo lugar en 1959-1960, Miliband escribió: “Ante la violenta resistencia [por parte de las bases obreras del partido] que encontró, la propuesta tuvo que abandonarse”. Para los años 80, ya nadie hubiera usado el término “socialismo parlamentario” para encapsular el programa o incluso la doctrina oficial del Partido Laborista británico. Y, en 1995, la Cláusula IV fue suprimida del programa formal del partido en una conferencia especial, pese a la oposición de algunos de los grandes sindicatos.
De principios a mediados de los años 60, hubo en Estados Unidos una radicalización de izquierda entre la juventud estudiantil y algunos intelectuales de mayor edad. Una expresión institucionalizada de esto fue la Conferencia de Académicos Socialistas que se celebraba anualmente en la ciudad de Nueva York. En 1966, los organizadores de la conferencia invitaron al historiador marxista Isaac Deutscher a dar una presentación sobre el “hombre socialista”. En esa época, el carácter cultural y sicológico de una sociedad verdaderamente socialista era un asunto de vivo interés entre los jóvenes intelectuales izquierdistas no sólo en Estados Unidos, sino en todo el mundo. Por ejemplo, a principios de los años 60, el Ché Guevara escribía sobre la eliminación del trabajo enajenado en la Cuba “socialista”. Para un análisis retrospectivo del pensamiento de Guevara a este respecto, ver: “‘Radical Egalitarian’ Stalinism: A Post Mortem” [Estalinismo “igualitario radical”: Un post mortem] en Spartacist [Edición en inglés] No. 25 (verano de 1978). En su presentación sobre el “hombre socialista”, Deutscher tocó diversos puntos en los que la generación postsoviética de activistas de izquierda no está pensando en absoluto.
Huntington contra Fukuyama, otra vez
Empecé a desarrollar mis pensamientos sobre la “muerte del comunismo” y las condiciones ideológicas del mundo postsoviético principalmente durante las discusiones informales que tuve con Norden entre 1991 y su salida de nuestra organización en 1996. Como ya se ha señalado, Norden identificaba la “muerte del comunismo” principalmente como una expresión del triunfalismo imperialista estadounidense. Así, él solía ligar ese término con la fórmula de un “nuevo orden mundial”, que George Bush había proclamado en el momento de la Guerra del Golfo de 1991 contra Irak. Norden creía que el que el cuerpo central de la dirección de nuestra tendencia hubiera reconocido que el carácter del periodo postsoviético estaba marcado por un retroceso histórico en la conciencia de la clase obrera internacionalmente era una capitulación a las presiones del triunfalismo imperialista estadounidense.
La forma en que Norden enfocaba esta cuestión estaba influenciada por las opiniones del intelectual de derecha estadounidense (entonces neoconservador) Francis Fukuyama, que declaró que el colapsó del bloque soviético había marcado “el fin de la historia”. Una versión sobresimplificada de la tesis del “fin de la historia” de Fukuyama llegó a ser muy conocida entre lo que podría llamarse el público educado estadounidense, el tipo de gente que está suscrito al New York Review of Books y ocasionalmente lee el Foreign Affairs. No sé si Norden leyó realmente a Fukuyama. Yo sí lo hice, y también leí a otros ideólogos burgueses de la derecha estadounidense, especialmente a Samuel P. Huntington y Zbigniew Brzezinski, quienes disentían fuertemente de la versión color de rosa que tenía Fukuyama del mundo postsoviético. Estoy volviendo a este debate porque me fue útil para entender la relación entre la “muerte del comunismo” y las diversas corrientes postsoviéticas de la ideología burguesa, especialmente en los países capitalistas occidentales (pero no exclusivamente en ellos).
Fukuyama tomó el término y el concepto de “fin de la historia” del filósofo alemán Georg Hegel. Hegel usó esa expresión para describir las consecuencias histórico-mundiales de la Batalla de Jena de 1806, en la que el ejército de la Francia napoleónica derrotó al reino de Prusia. Tras la batalla, los franceses ocuparon y gobernaron el sur y el oeste de Alemania. Hegel estuvo entre los pocos intelectuales alemanes prominentes que apoyó al régimen napoleónico, al que consideraba históricamente progresivo, y colaboraron con él.
La concepción hegeliana del “fin de la historia” tenía un componente negativo y uno positivo. El componente negativo era que la ideología dominante de la Europa feudal tardía —el absolutismo monárquico sancionado y apoyado por las iglesias cristianas— había perdido su antiguo poder de determinar el curso futuro de la historia. El componente positivo era que los principios liberales de la Revolución Francesa, tal y como Hegel los entendía (y como los representaba Napoleón), habían llegado a ser capaces de conquistarlo todo en el ámbito de las ideas y con el tiempo se establecería a lo largo de Europa un nuevo orden sociopolítico en conformidad con el nuevo Zeitgeist (espíritu de los tiempos).
De igual modo, la versión de Fukuyama del “fin de la historia” tenía componentes negativos y positivos. El componente negativo, desde luego, era la “muerte del comunismo”:
“Si bien todavía hay en el mundo poder comunista, éste ha dejado de reflejar una idea dinámica y atractiva. Quienes se consideran a sí mismos comunistas se ven obligados a librar continuas batallas de retaguardia para preservar algo de su antigua posición y su antiguo poder. Los comunistas se encuentran en la poco envidiable situación de defender un orden social viejo y reaccionario cuya hora ha pasado ya hace mucho, como los monárquicos que lograron llegar al siglo XX”.
—The End of History and the Last Man (El fin de la historia y el último hombre, 1992)
Aquí Fukuyama expresa lo que es una moneda corriente entre todas las tendencias de la ideología burguesa postsoviética.
Eran las conclusiones positivas que sacó del colapso del bloque soviético las que constituían el núcleo de su tesis del “fin de la historia”. Sostenía que los valores socioculturales y las correspondientes instituciones económicas y políticas del mundo capitalista occidental terminarían por imponerse eventualmente a escala global:
“Es en este marco donde el carácter marcadamente mundial de la revolución liberal adquiere una especial significación, puesto que constituye una evidencia más de que está operando un proceso que dicta un patrón evolutivo común para todas las sociedades humanas; en pocas palabras, algo así como una Historia Universal de la Humanidad en dirección a la democracia liberal...
“Y si hemos llegado a un punto en el que se ha vuelto difícil imaginar un mundo sustancialmente distinto al nuestro, en el que el futuro no representa de ninguna manera evidente u obvia una mejoría respecto a nuestro orden actual, luego entonces debe considerarse la posibilidad de que la Historia misma haya llegado a su fin” [énfasis en el original].
La noción de Fukuyama de una “revolución liberal” universalmente triunfante sufrió un denso fuego por parte de algunos voceros intelectuales prominentes del imperialismo estadounidense. Su principal antagonista fue Samuel P. Huntington, que contraponía su propia tesis del “choque de civilizaciones” al “fin de la historia” de Fukuyama. Refiriéndose a este último, Huntington comentó con condescendencia: “El momento de euforia del fin de la Guerra Fría generó una ilusión de armonía, que pronto se reveló como tal” (The Clash of Civilizations and the Remaking of World Order [El choque de civilizaciones y la reconstrucción del orden mundial, 1996]). Sin duda, Huntington concordaba con Fukuyama en que ya nunca podría haber estados poderosos ni un movimiento político internacional con apoyo de masas que afirmara representar una alternativa universal, como el comunismo, al capitalismo tipo occidental y la “democracia”. Pero también sostenía que una buena parte del mundo —y en particular Rusia, el Oriente islámico y China— se vería dominada por gobiernos y movimientos políticos antioccidentales basados en valores y tradiciones nacionales y religioso-culturales:
“En este nuevo mundo, los conflictos más generalizados, importantes y peligrosos no serán entre clases sociales, entre ricos y pobres, ni entre otros campos económicamente definidos, sino entre pueblos provenientes de diferentes entidades culturales...
“La civilización occidental es la más poderosa y seguirá siéndolo durante muchos años. Sin embargo, comparado con el de otras civilizaciones, su poder está declinando. Cuando el Occidente intenta afirmar sus valores y proteger sus intereses, las sociedades no occidentales enfrentan una alternativa. Algunas intentan emularlo o colgarse de él. Otras sociedades confucianas e islámicas intentan expandir su propio poder militar y económico para resistir y ‘contrarrestar’ a Occidente. Un eje central de la política mundial posterior a la Guerra Fría es, pues, la interacción del poder y la cultura occidentales con el poder y la cultura de civilizaciones no occidentales”.
El debate Huntington/Fukuyama subraya la necesidad de que diferenciemos entre la creencia en la “muerte del comunismo”, que es generalizada y sigue siendo actual, y el limitado y efímero triunfalismo imperialista estadounidense en la secuela inmediata de la caída de la Unión Soviética.
Breves conclusiones
Una pregunta importante que enfrentamos puede ser formulada de este modo: ¿es posible que un levantamiento espontáneo, que implique a grandes sectores de la clase obrera, contra un gobierno derechista, pueda llevar a situaciones prerrevolucionarias o incluso revolucionarias (es decir, a órganos de poder dual) aun si la masa de los obreros y los trabajadores en general no aspira al socialismo? Yo creo que sí. Aunque nunca hemos experimentado semejante acontecimiento, no debemos descartarlo. Por ahora, nuestra tarea principal consiste en propagar una visión marxista del mundo con la expectativa de reclutar cantidades relativamente pequeñas de intelectuales izquierdistas y obreros avanzados. Parafraseando a John Maynard Keynes: cuando la realidad cambie, cambiarán nuestras perspectivas.
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